Biografía

Llorenz Sendra es un artista plástico radicado en Guadalajara, México, quien se encuentra en el espectro del autismo, nivel 3. Su exploración creativa comenzó gracias al apoyo incondicional de su familia y de la asociación civil OTEA. Su proceso artístico surgió a partir de la observación e imitación de actividades cotidianas, principalmente de su madre, quien, con cuidado y dedicación, le proporcionó herramientas terapéuticas para la expresión y el desarrollo personal. Así, Llorenz comenzó a experimentar con la pintura, trasladando a lienzos de diversos formatos composiciones genuinas e intuitivas, donde su acercamiento a la abstracción plástica se convirtió en un medio ideal para comunicarse con el mundo.

La obra de Llorenz, además de ser una vía expresiva y terapéutica, busca generar espacios culturales inclusivos para personas con discapacidad y promover el derecho universal de acceso a la cultura, considerando diversas realidades psicomotrices. Su trabajo abre camino para que personas autistas sean visibilizadas y puedan participar en espacios dignos dentro de la sociedad civil.


A pesar de su joven carrera, Llorenz ha realizado exposiciones individuales destacadas, como Los colores de Llorenz: una mirada a través del autismo en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (México, 2024), Llorenz: su mundo interior en Galería L (2024), En Retrospectiva (2025) y The process is the soul (EE.UU., 2025), la primera exposición individual presentada por un artista mexicano en Vail Village, Colorado. También es la inspiración y fuerza motriz detrás de Proyecto Espectro, un programa cultural de múltiples ciudades dedicado a crear conciencia sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) a través del arte y la pedagogía. Como parte de esta iniciativa y de su desarrollo en el circuito del arte, su obra ha formado parte de diversas exposiciones colectivas, entre las que destacan Espectro Primera edición (2024), Permeabilidades (2025) y Resonancias: Espectro Segunda Edición (2026).


Un artista que
aún no sabe
que es un artista

Por Inari Reséndiz

En agosto del presente año, viajé a Guadalajara, para conocer a Llorenz, un joven artista que padece trastorno del espectro autista, nivel tres. La visita sucedió en OTEA, una Asociación civil sin ánimo de lucro destinada a la sensibilización, capacitación y adaptación de espacios para lograr la inclusión de personas con autismo. Al llegar a este lugar, en el que el artista se desenvuelve, le encontré sentado en un sillón, comiendo un elote, mientras escuchaba música. Torpemente le saludé con el gesto habitual de sacudir una mano de un lado a otro, descubriéndome sin herramienta alguna para poder interactuar con él y su mundo. Posteriormente Karla, madre de Llorenz, hizo un breve recorrido por el espacio, y por sus obras.

Al subir por los escalones de la casa, fui descubriendo colgadas las primeras pinturas de Llorenz; cuadros de pequeño y mediano formato llenos de intención y fuerza, que reflejaban parte de él. Después comprendí al ver la gran cantidad de cuadros que ha hecho en este año, que existe una relación casi obsesiva entre él y la pintura, o dicho de una mejor manera, un ”interés especial” (terminología que se usa para definir la repetición de un comportamiento dentro del espectro autista) que le permite explorar este medio con total transparencia y eficacia.

La producción de imágenes artísticas en este mundo ha sido determinada en su gran mayoría por la cultura hegemónica occidental. Esto significa, que cada vez, ha ganado más terreno la educación artística y académica, como un método factible para la institucionalización de ideologías, técnicas y estilos dominantes. Hoy día, encontrarnos frente a piezas artísticas que sean honestas y que atiendan desde su origen la libertad como la primera pauta de creación, no es un hallazgo frecuente, sin embargo a medida que fui revisando el cuerpo de trabajo de este artista, me descubrí ante la oportunidad de presenciar un caso genuino de libertad expresiva desde la abstracción y la pintura.

Como si se tratara de una ráfaga de aire que llega sin avisar, el jóven pide a su madre, o al equipo que le asiste, un lapso para pintar, y entonces, entre sonidos y movimientos inéditos e impredecibles, el acto de la pintura sucede. A su disposición se encuentran pinturas acrílicas en distintas presentaciones, así como materiales que él usa sin discriminación o guía alguna. Una característica de su proceso creativo que llamó mi atención fue notar la intermitencia de su creación pictórica y de su misma motivación intrínseca, la cual así como llegaba se iba, dejando rastros inconclusos, o en algunos casos guiños visuales potentes que podrían ya ser el estado idóneo para dar por acabada una obra, y que en su siguiente impulso bien podrían crecer o desaparecer sobre el mismo soporte. Estas acciones aleatorias brindan diversas capas de lecturas a sus pinturas. Las cuales terminan siendo un palimpsesto que esconde trás cada capa de colores, distintos estados mentales y anímicos del artista.
Llorenz empezó a pintar a través de la imitación de gestos y acciones que observó de su madre, y que poco a poco adaptó a un propio método intuitivo en relación al uso de los colores, formas y texturas que le permiten traspasar el límite del lenguaje verbal para poder crear un nuevo medio de comunicación, que abre en cada lienzo una ventana hacia su percepción sensorial y humana.